Winston era una ciudad como tantas otras. Su ritmo tranquilo y ordenado estaba regido por los al parecer honestos ciudadanos, que manenían entre sí un cuidado equilibrio de poder.
Winston era una ciudad como tantas otras. Su ritmo tranquilo y ordenado estaba regido por los al parecer honestos ciudadanos, que manenían entre sí un cuidado equilibrio de poder. Cuando llegaron dos desconocidos, miembros de una asociación dispuesta a acabar con la corrupción a todos los niveles, esa tranquila fachada se rompió y el odio y la muerte asolaron la ciudad.