Citas desastrosas con hombres imposibles, exmaridos que no salen del todo y un psicólogo empeñado en curarle su adicción al ideal romántico… Las divertidas hazañas diarias de una mujer que a los cincuenta sigue creyendo en que lo mejor…
Citas desastrosas con hombres imposibles, exmaridos que no salen del todo y un psicólogo empeñado en curarle su adicción al ideal romántico… Las divertidas hazañas diarias de una mujer que a los cincuenta sigue creyendo en que lo mejor está por vivir. «Nunca me hubiera imaginado que al llegar a los cincuenta no luciría collar de perlas ni bolso de Yves Saint Laurent ni traje chaqueta entallado beige, y mucho menos que el vértigo no me lo proporcionarían unos altísimos tacones, sino mi propia vida. Tampoco se me hubiera ocurrido jamás que acabaría hablando sobre mi soledad con psicólogos, perras, putas, taxistas o madres pianistas. Ni que por culpa de la maldita nostalgia acabaría numerando a los hombres ―especialmente a los maridos― por orden de aparición.