La Orestíada
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«Después de la lectura minuciosa de La Orestíada necesité responderle a Esquilo con un poema. La historia estaba ahí, tal como me la habían enseñado, como la había leído en otras ocasiones. Pero ahora se trataba de una cuestión personal, de algo que debía interpelarme, exigirme una respuesta. José Carlos Plaza me había pedido una versión de la trilogía, mi intervención en un monumento. Así que necesitaban cruzarse el texto y mis ojos, el tiempo pasado y mi realidad.»