La primera impresión que causa la lectura de esta novela, es que sus autores, una vez expuesto el conflicto en los primeros capítulos, se han propuesto invalidar cuantas pistas razonables puedan presentarse a la deducción, susceptible de…
La primera impresión que causa la lectura de esta novela, es que sus autores, una vez expuesto el conflicto en los primeros capítulos, se han propuesto invalidar cuantas pistas razonables puedan presentarse a la deducción, susceptible de conducir al descubrimiento del misterio. Cuando, pasada una tormenta de nieve que sepulta a varios condados, es encontrado el cadáver de David Jenner, cartero rural, nada hace sospechar la acción secreta de una mano asesina. No existe el menor indicio, la menor huella. Nada. Las protestas de la viuda, de que alguien deseó y preparó la muerte de David Jenner, no encuentran respuesta en la justicia. Sólo Hilary Severn, sedentario empleado del Ministerio de la Guerra, hace caso a la desesperada mujer, pero cuantos indicios pudiera aportar ella, han sido destruidos por la propia víctima antes de desaparecer. Pero con inigualable paciencia, persistente espíritu de deducción y silenciosa destreza, consigue Hilary Severn, tras encontrar varias pistas sin salidas, sacar a luz la verdadera identidad del desconocido que empujó al infeliz cartero a una muerte terrible.