«Derramé el orégano, rompí los envases de celofán del chocolate molido. Escupí sobre el cadáver de unas aves sólidas, congeladas. Los patos sin cabeza me parecieron puros, pero no supe qué hacer con las gallinas.
«Derramé el orégano, rompí los envases de celofán del chocolate molido. Escupí sobre el cadáver de unas aves sólidas, congeladas. Los patos sin cabeza me parecieron puros, pero no supe qué hacer con las gallinas. Rocié insecticida en los cereales. Solo el pan quedo quieto. El pan honesto. No hice nada con el pan. No pude. Tal vez la navaja estaba cansada. Tal vez mi mente se enfrentó al silencio del pan y quedó muda. El pan tiene significado. En la blancura del pan debe haber una verdad». Acción vertiginosa, eclosión de violencia, lirismo tan hondo como directo y humor venenoso: esas son las cualidades fundamentales de la narrativa con que Rafael Courtoisie ha creado «Tajos». La novela breve «Tajos», la pieza maestra que abre el libro, nos da la visión del mundo de un hombre abrumado por la soledad: su asombro, su incomprensión y su violencia ante la hostilidad de cuanto lo rodea. Después, cada uno de los impactantes relatos de las dos series que completan la obra, «Sodoma y Gomorra» e «Indios y cortaplumas», ahondan en los temas que dan unidad a «Tajos»: soledad, dolor, deseo, placer, violencia… De la edición uruguaya de «Tajos», la crítica dijo: «La obra concebida con elocuente crudeza, escritura punzante y un discurso hasta irónico confronta al lector con algunos de sus más estremecedores fantasmas cotidianos: la soledad, la indiferencia, la frustración, la culpa, la violencia y hasta la muerte» (Hugo Acevedo, «La República»). «Textos que pueden leerse como expresión bellísima de las perplejidades que nos tocó vivir (…). IntertextuaIidad, omnipotencia de los medios y mitología cristiana, humor negro, una sátira feroz e imágenes tan violentas como iluminadoras que se retroalimentan, indefensión, búsqueda de identidad y experimentación teórica que enfrenta autor, personaje y lector, convergen en este libro» (Alicia Torres, «Brecha»).