Michael Balsam hizo una breve pausa para secar el sudor de su frente. Volvió a coger el hacha, descargándola una y otra vez sobre el grueso tronco. El sol, aunque sin alcanzar su punto más alto, se dejaba sentir con extremada virulencia.
Michael Balsam hizo una breve pausa para secar el sudor de su frente. Volvió a coger el hacha, descargándola una y otra vez sobre el grueso tronco. El sol, aunque sin alcanzar su punto más alto, se dejaba sentir con extremada virulencia. Un magnífico día para las lagartijas. —¿Por qué lo haces, Michael?