CUANDO Wilson Kennedy se detuvo con su carreta repleta de bártulos en el lugar donde había sido fundada la pequeña población minera de Price City, los colonos qué, como él, se aventuraron a desafiar las inclemencias y rigores de aquel país…
CUANDO Wilson Kennedy se detuvo con su carreta repleta de bártulos en el lugar donde había sido fundada la pequeña población minera de Price City, los colonos qué, como él, se aventuraron a desafiar las inclemencias y rigores de aquel país salvaje y pendenciero soltaron una carcajada que estuvo a punto de convertirse en una reyerta descomunal. Hombre acostumbrado a sobrellevar las burlas o bromas de sus compatriotas con benevolencia, limitóse a soltar una carcajada mayor que las de ellos y decir en tono burlón: —Ya lo veis, amigos, casaros y estaréis convencidos de que el matrimonio tiene también sus perjuicios, a pesar de que yo no me arrepentiría jamás de haberlo hecho.