EL suave chirrido de la puerta me ha hecho levantar la cabeza. Bajo el periódico. Un hombre está allí, en el umbral, un hombre de corta estatura, ancho de hombros, vestido de oscuro.
EL suave chirrido de la puerta me ha hecho levantar la cabeza. Bajo el periódico. Un hombre está allí, en el umbral, un hombre de corta estatura, ancho de hombros, vestido de oscuro. Su rostro cetrino parece tallado en un bloque de madera; sus ojos, pequeños, redondos y duros, me miran fijamente. Veo que con la mano Izquierda cierra la puerta a su espalda, mientras que su derecha, metida entre la abertura de la americana, manosea algo bajo el sobaco. Avanza lentamente curvado hacia adelante.