El paso quedaría cerrado, pensó Shayne Morris, apenas cayesen las primeras nieves. A ambos lados del angosto camino que batían los cascos de su caballo, las montañas se elevaban hasta alturas impresionantes, con perpendiculares farallones…
El paso quedaría cerrado, pensó Shayne Morris, apenas cayesen las primeras nieves. A ambos lados del angosto camino que batían los cascos de su caballo, las montañas se elevaban hasta alturas impresionantes, con perpendiculares farallones que en ocasiones parecían ir a desplomarse sobre el osado viajero que se aventuraba a recorrer aquellos solitarios parajes.