Hawker, el propietario de rancho Cumbres, nunca se sabía cuándo sometía a prueba a los que pretendían entrar en su plantilla. También su rostro resultaba un enigma.
Hawker, el propietario de rancho Cumbres, nunca se sabía cuándo sometía a prueba a los que pretendían entrar en su plantilla. También su rostro resultaba un enigma. Por lo menos, solía desconcertar a los que se creían a salvo de cualquier sorpresa. Cuando más serio parecía, de pronto soltaba la carcajada. Y cuando más contento se mostraba, en su interior rugían las furias.