Cada noche tocábamos el cielo, mientras las estrellas celosas de las palabras que jamás les dirigirían; nos observaban con sigilo esperando el momento en que pudieran transformar la noche en día y así romper aquel hechizo.
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Cada noche tocábamos el cielo, mientras las estrellas celosas de las palabras que jamás les dirigirían; nos observaban con sigilo esperando el momento en que pudieran transformar la noche en día y así romper aquel hechizo.