La chica pretendía ignorarme. Lo fingía nada más. Su vestido beige se amoldaba perfectamente a unas curvas embriagadoras. La melena era roja y densa. También su boca. Los ojos, en cambio, eran verdes.
La chica pretendía ignorarme. Lo fingía nada más. Su vestido beige se amoldaba perfectamente a unas curvas embriagadoras. La melena era roja y densa. También su boca. Los ojos, en cambio, eran verdes. Era una criatura explosiva, fascinante, pletórica de vida.