En aquella estación, Klappell, el tren se detenía veinte minutos. Pero esta vez la espera sería un poco más larga. El sheriff subió al vagón donde lo esperaba un viajero distinguido: el viejo hombre de negocios, Rudolph Pawley.
En aquella estación, Klappell, el tren se detenía veinte minutos. Pero esta vez la espera sería un poco más larga. El sheriff subió al vagón donde lo esperaba un viajero distinguido: el viejo hombre de negocios, Rudolph Pawley. —No perdamos tiempo en saludos —cortó el viejo—. ¿Qué hace el joven que le pedí que vigilara? —Se divierte. —¿Jugando?