
Al mirarla fijamente creyó verla a través de aquella luz fosforescente y la carne de su rostro comenzó a desaparecer con lentitud, como si algo la borrara.
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Al mirarla fijamente creyó verla a través de aquella luz fosforescente y la carne de su rostro comenzó a desaparecer con lentitud, como si algo la borrara. Luego la bella imagen de la mujer, desapareció por completo, para mostrar únicamente un rostro descarnado, una faz cadavérica que acabó siendo una simple calavera. Michel intentó decir algo, pero no pudo, ni siquiera estaba asustado. Ni tampoco sintió miedo cuando aquel rostro macabro fue aproximándose al suyo… y una voz susurrante, cavernosa, parecía decirle: —Eres mío, mon petit. Siempre lo has sido, porque tú me amas, sé que me amas… Y aquellos dientes calcinados se acercaron a la boca del periodista. Michel notó el frío beso de la muerte.