
Harto sabido es por todos que hay en París ciertos barrios infestados de esos terribles bandidos a quienes se da el nombre de «apaches». Seres feroces, de instintos sanguinarios, se hallan en odiosa convivencia con la sociedad, a la que…
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Harto sabido es por todos que hay en París ciertos barrios infestados de esos terribles bandidos a quienes se da el nombre de «apaches». Seres feroces, de instintos sanguinarios, se hallan en odiosa convivencia con la sociedad, a la que parecen haber declarado guerra a muerte. Desde que cierra la noche, la calle les pertenece… ¡Ciudadanos que lleváis henchido de oro vuestro bolsillo; ciudadanas que ostentáis centelleantes joyas: no os aventuréis más allá de las diez por esos barrios malditos! Lo menos que os puede suceder es el ser cloroformizados y desvalijados; y si no os asesinan, podréis daros por contentos… Los apaches forman numerosas pandillas que, en cierto modo, se han repartido a París. Todos llevan en los brazos o en el cuerpo, hasta en la misma cara, y a guisa de distintivo, tatuajes muy visibles o apenas perceptibles, que les sirven para reconocerse entre sí como afiliados a tal o cual corporación de malandrines.