Bud Bowman estaba tumbado sobre la hierba. Bajo la apacible sombra de un árbol de frondosas ramas. Las manos bajo la nuca y el sombrero semi ocultando sus facciones. No se inquietó al oír los pasos. Ni tan siquiera se movió.
Bud Bowman estaba tumbado sobre la hierba. Bajo la apacible sombra de un árbol de frondosas ramas. Las manos bajo la nuca y el sombrero semi ocultando sus facciones. No se inquietó al oír los pasos. Ni tan siquiera se movió. —¡Eh, Bud! ¡Despierta, maldita sea!