Yo estaba impaciente por volver a ver a Red Rojas. Tengo trece años; él, más de trescientos. A pesar de la diferencia de edades, es mi amigo, lo sé con certeza, en las buenas y en las malas.
Yo estaba impaciente por volver a ver a Red Rojas. Tengo trece años; él, más de trescientos. A pesar de la diferencia de edades, es mi amigo, lo sé con certeza, en las buenas y en las malas. Red era alto y muy delgado, tenía el cabello largo y se lo teñía de negro. Sobre su rostro blanco como el yeso, siempre llevaba unos lentes oscuros para ocultar y proteger sus ojos rojos. Sus labios tenían el color de los tomates maduros, y cuando los abría, debía poner mucho cuidado en disimular sus colmillos. Los espejos no reflejaban su imagen. Vivía de noche y durante el día se acostaba a dormir en un ataúd.