
Sentía las mordeduras implacables que laceraban su cuerpo de arriba abajo, pero no se daba por vencido. Logró atrapar a uno de los animales por el cuello, y giró vertiginosamente, sirviéndose de la peluda bestia como de un mazo.
Sin DRM · licencia de dominio público
Sentía las mordeduras implacables que laceraban su cuerpo de arriba abajo, pero no se daba por vencido. Logró atrapar a uno de los animales por el cuello, y giró vertiginosamente, sirviéndose de la peluda bestia como de un mazo. Hubo una sucesión de golpes sordos, de gruñidos, de chasquear de mandíbulas, de jadeos impacientes. Unos colmillos se cerraron en su pierna. El lobo tiró, desgarrando la carne y llegando hasta el hueso. El hombre supo que aquello era el final. Arrojó al lobo que aún sujetaba entre las manos y trató de zafarse del que le apresaba la pierna. Un cuerpo pesado cayó sobre sus espaldas. Sintió el terrible mordisco en una mejilla, sacudió la cabeza y los dientes le hirieron más profundamente, desgarrándole hasta el ojo. Entonces cayó, gimiendo, en medio del revuelo salvaje de infinidad de animales ansiosos de destrozarle. Dedicó un último pensamiento a la mujer, a su vida, a todo cuanto dejaba atrás…