
Miré a tío Barnaby. Me acerqué despacio. Contemplé su rostro, su figura. No había duda. Estaba muerto. Con la madrugada, había llegado para él la muerte. Pero también para otra persona. La muerte de mi tío era lógica, previsible.
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Miré a tío Barnaby. Me acerqué despacio. Contemplé su rostro, su figura.
No había duda. Estaba muerto.
Con la madrugada, había llegado para él la muerte.
Pero también para otra persona. La muerte de mi tío era lógica, previsible. La del doctor Kearney, no.
Y menos aquella muerte extraña, increíble…, justamente momentos después de fallecer su paciente.
No separé mis ojos del rostro de mi tío. Seguía sonriendo. Con una mueca más extraña y maligna que nunca…