«La lluvia no mata las flores» está formado por variaciones sobre un mismo tema infinito: la corrupción del amor o el fracaso de la pareja. En ellas el amor no se realiza y su sitio lo ocupa la frustración, el desamor.
«La lluvia no mata las flores» está formado por variaciones sobre un mismo tema infinito: la corrupción del amor o el fracaso de la pareja. En ellas el amor no se realiza y su sitio lo ocupa la frustración, el desamor. Ninguno de los relatos del libro reviste características trágicas, ni sus elementos básicos —sensualidad y erotismo— caen en la vulgaridad, pues gracias al lenguaje natural y desenfadado, al humorismo ocasional, a la trama siempre rebosante de imaginación y a las estructuras distintas y novedosas, se evitan el melodrama y la pornografía, y los cuentos alcanzan estratos de dignidad y originalidad literarias. Las historias que componen este libro pertenecen al mundo secreto de las personas, a lo que avergüenza y trata de olvidarse o esconderse. Son sucesos anormales de gente que posee prejuicios en público, de buenas costumbres, convencional, en una palabra: «decente». Caso anormales, sí, pero también justificables porque sacaron a esos seres de la monotonía y del aburrimiento para enfrentarlos a una realidad ineludible.