El pequeño garañón bayo levantó la cabeza de la húmeda hierba que estaba paciendo al lado del estanque, para mirar hacia la parte alta del cañón. Enderezó las orejas y relinchó.
El pequeño garañón bayo levantó la cabeza de la húmeda hierba que estaba paciendo al lado del estanque, para mirar hacia la parte alta del cañón. Enderezó las orejas y relinchó. Telford se puso en pie, al lado de la hoguera india, que no producía humo, alimentada por unas ramas secas que encendiera cerca del extremo inferior de aquella charca rodeada de rocas. Al oír su leve silbido, el caballo acudió trotando a su lado. Telford dió una palmada sobre la silla.