—¡Maldita sea mi cochina sombra! ¿Por qué te haría caso, Walt? ¡Me iba mejor en la otra acera! ¡Ahora soy un tentáculo de la ley! ¡Je! Se pasó la lengua por los agrietados labios y escupió, sin echar saliva.
—¡Maldita sea mi cochina sombra! ¿Por qué te haría caso, Walt? ¡Me iba mejor en la otra acera! ¡Ahora soy un tentáculo de la ley! ¡Je! Se pasó la lengua por los agrietados labios y escupió, sin echar saliva. Tenía la sensación de que escupía tierra. Había dado una larga cabalgada, para llegar a tiempo al sitio donde le había citado Walt.