A raíz de la Disputa del ateísmo, Fichte es expulsado de Jena y trasladado a Berlín en 1800. Receloso de la publicación escrita de su doctrina, guarda un silencio editorial de seis años y limita la divulgación de su pensamiento a…
A raíz de la Disputa del ateísmo, Fichte es expulsado de Jena y trasladado a Berlín en 1800. Receloso de la publicación escrita de su doctrina, guarda un silencio editorial de seis años y limita la divulgación de su pensamiento a exposiciones orales. Entre 1804 y 1805 da tres cursos de la Doctrina de la Ciencia destinados a un público especializado. Les siguen tres ciclos de conferencias con propósito de divulgación popular. El ciclo de once conferencias pronunciadas en Berlín en 1806, que culmina la serie, tiene por título La exhortación a la vida bienaventurada o la Doctrina de la Religión. Fichte advierte al comienzo que en el título hay algo que sobra: toda vida es necesariamente bienaventurada, y sólo lo bienaventurado es y vive. La bienaventuranza es la unión con lo amado, la miseria es el distanciamiento. Propiamente, sólo el «Absoluto o Dios» es digno de nuestro amor, no siendo en realidad nosotros quienes le amamos, sino él quien se ama a sí mismo en nosotros. El Absoluto o Dios, destino de nuestro amor y fuente de nuestra bienaventuranza, sólo se nos hace accesible en el éter del pensamiento puro. «[…] sé y reconozco con la misma evidencia lo siguiente: que sólo a través del pensar auténtico, puro y verdadero, y a través de ningún otro órgano, se puede comprender y traer a sí a la divinidad y a la vida bienaventurada que brota de ella.»