Cuando digo de qué hago (cuando lo digo fuera del sector editorial) es como si dijera “detective privado” o “forense”. Todo el mundo exclama "Ah, sí?" con interés muy sincero.
Cuando digo de qué hago (cuando lo digo fuera del sector editorial) es como si dijera “detective privado” o “forense”. Todo el mundo exclama "Ah, sí?" con interés muy sincero. Si se lo digo a alguien del sector editorial (un editor, un escritor que no publique en la multinacional donde trabajo en régimen de autónoma) me miran con desprecio. Soy una especie de negra. No una negra con aureola, no la negra de un novelista famoso, no la negra que hace los discursos de un político. No, no. Hacer esto, de alguna forma, ahora todo el mundo lo encuentra romántico. Incluso sé de algún escritor joven de éstos con patillas y cara de desolación (de esos que escriben libros que llevan por título el nombre y el apellido de una mujer) que serían felices haciéndolo y sobre todo explicándolo en las entrevistas.