—Perder la vida es la desgracia más grande que uno puede tener, y la que menos puede uno lamentar —dijo Atkin, al tiempo que se inclinaba sobre el fuego para coger un trozo de carne. Era el hombre más viejo del grupo.
—Perder la vida es la desgracia más grande que uno puede tener, y la que menos puede uno lamentar —dijo Atkin, al tiempo que se inclinaba sobre el fuego para coger un trozo de carne. Era el hombre más viejo del grupo. Había vivido mucho, en años y en acontecimientos.