A aquellas horas, en las calles de Atenas comenzaba a decrecer el número de paisanos. Todavía faltaba mucho para el toque de queda. Pero con la caída de la tarde, los griegos parecían sentir con mayor fuerza su angustiosa situación de…
A aquellas horas, en las calles de Atenas comenzaba a decrecer el número de paisanos. Todavía faltaba mucho para el toque de queda. Pero con la caída de la tarde, los griegos parecían sentir con mayor fuerza su angustiosa situación de pueblo sin rey, sin gobierno, abandonado a la voluntad del invasor.