—Ese texto que te he leído, y que el idiota de Ulino no me dejó terminar, es una confesión. Es la confesión de Sandor Hartmann, mi padre, el luthier, el fundador de la laudería Hartmann.
—Ese texto que te he leído, y que el idiota de Ulino no me dejó terminar, es una confesión. Es la confesión de Sandor Hartmann, mi padre, el luthier, el fundador de la laudería Hartmann. Pero es también la confesión de un cobarde, de alguien que renegó de su destino. —¿De su destino? —Sí, porque el destino de los Hartmann es el destino de los verdugos.