EL hombre no se incorporó ante la entrada de la dama. Permaneció recostado en el cómodo sillón limitándose a levantar el ala del sombrero con un leve movimiento de su dedo índice. Sus ojos azules quedaron fijos en la mujer.
EL hombre no se incorporó ante la entrada de la dama. Permaneció recostado en el cómodo sillón limitándose a levantar el ala del sombrero con un leve movimiento de su dedo índice. Sus ojos azules quedaron fijos en la mujer. Ha madrugado mucho, señora Griffin.