
El Lazarillo de Manzanares sigue el modelo del joven sirviente que trabaja para varios amos, al igual que en El Lazarillo de Tormes, pero la variedad de situaciones que experimenta el protagonista es mucho más amplia.
Sin DRM · licencia de dominio público
El Lazarillo de Manzanares sigue el modelo del joven sirviente que trabaja para varios amos, al igual que en El Lazarillo de Tormes, pero la variedad de situaciones que experimenta el protagonista es mucho más amplia. A lo largo de la obra, el muchacho sirve a un pastelero, un sacristán, un santero, un Oidor de México, un canónigo, y más, llegando incluso a desempeñar el oficio de maestro. A diferencia de otros relatos del género, su historia no termina trágicamente, sino que concluye con un giro positivo, similar a la del Buscón de Quevedo. Esta diversidad de ambientes y la complejidad de las tramas aportan un gran valor a la obra, que culmina con la partida del protagonista hacia las Indias tras haber escapado del matrimonio. Uno de los aspectos más interesantes del Lazarillo de Manzanares es la detallada descripción de ambientes y costumbres, aunque la trama se ve interrumpida por episodios secundarios de diversa índole. Además, el estilo de la obra, más recargado que el de El Lazarillo de Tormes, sigue de cerca el conceptismo de Quevedo, especialmente en su Buscón, lo que no es sorprendente, dado que esta última ya circulaba en copias manuscritas antes de su publicación en 1626. También se puede encontrar en esta obra una influencia del humor de Vicente Espinel en su Marcos de Obregón, ya que el motor de las acciones del protagonista no es el hambre existencial de Lázaro, sino una sensación constante de satisfacción.