Al descender del avión, la bella mujer se dirigió con los demás pasajeros a la aduana. Para muchos, en todos los aviones que llegaban al aeródromo, el instante de someter el equipaje a los ojos escrutadores y manos experimentadas de los…
Al descender del avión, la bella mujer se dirigió con los demás pasajeros a la aduana. Para muchos, en todos los aviones que llegaban al aeródromo, el instante de someter el equipaje a los ojos escrutadores y manos experimentadas de los aduaneros, tenía algo así como la angustiosa emoción de cuando el aparato acusaba la entrada en un «bache».