Pablo VI ha muerto. La elección de un nuevo Papa, del pontífice supremo de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana es mucho más que un puro trámite.
Pablo VI ha muerto. La elección de un nuevo Papa, del pontífice supremo de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana es mucho más que un puro trámite. A los intereses espirituales de millones de católicos y otras confesiones también cristianas —una cifra que supera la cuarta parte de la población del mundo— se suman otros que poco tienen que ver con el reino de lo espiritual. La llamada “política vaticana" extiende sus decisiones a campos terrenales como son las relaciones diplomáticas con los Estados más poderosos del globo y los intereses económicos derivados de numerosas propiedades que alcanzan muchos millones de dólares... Esta lucha entre el espíritu y la materia, entre Dios y el Diablo (Príncipe de este mundo, según la tradición), pasa inevitablemente por la figura del Papa, el vicario de Cristo, jefe de la comunidad espiritual más influyente del orbe, y cabeza visible de una vasta organización económica, conglomerado multinacional con un poder que le permite negociar con países y continentes, así como con la libertad humana. Sin embargo, curiosamente, las palabras del Evangelio son bastante claras y apuntan en sentido contrario en este aspecto: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de los Cielos...”