Casi todos los viajeros se habían asomado a las ventanillas para observar el desembarque de caballos. Llevaban un día de encierro y las hermosas bestias, al salir, dieron el efecto de que iban a escaparse.
Casi todos los viajeros se habían asomado a las ventanillas para observar el desembarque de caballos. Llevaban un día de encierro y las hermosas bestias, al salir, dieron el efecto de que iban a escaparse. Relucía al sol la tersa piel de los caballos recién sacados del vagón. Un potro alazán se puso a corvetear, soltando relinchos, como si sintiera la quemadura de la rabiosa luz.