La amazona que iba muy separada del coche detuvo la montura y miró atrás. Luego dirigió la mirada hacia poniente. Hizo un mohín de disgusto y retrocedió. Cuando alcanzó el vehículo se inclinó.
La amazona que iba muy separada del coche detuvo la montura y miró atrás. Luego dirigió la mirada hacia poniente. Hizo un mohín de disgusto y retrocedió. Cuando alcanzó el vehículo se inclinó. Dentro iba un hombre enjuto, de cabellos grises. Permanecía ensimismado. —¿Te das cuenta que a esta marcha llegaremos bien de noche, tío Wilb?