«Diario de un amor intenso», el animado relato de las aventuras y desventuras etílico-amorosas de un periodista de medio pelo y aspirante frustrado a novelista que escribe un diario dirigido a una enigmática y caprichosa mujer, a la que…
«Diario de un amor intenso», el animado relato de las aventuras y desventuras etílico-amorosas de un periodista de medio pelo y aspirante frustrado a novelista que escribe un diario dirigido a una enigmática y caprichosa mujer, a la que nombra simplemente como Caprichito, y quien fiel a su nombre, actúa por capricho y en absoluta discordancia con los deseos carnales y etílicos del frustrado redactor, quien se lamenta y recuerda amorosamente sus correrías con tal hembra a través de las memoriosas páginas que dan cuenta de su empeño. Alejado del purismo lingüístico, el autor nos retrata con habilidad notable el placer de la palabra hablada, el gusto por escuchar y retratar a distintos personajes —con ese oído que Garibay solicitaba a sus contemporáneos y que tantas enemistades le trajo— «en su tinta», a través de un notable fresco en el que el último personaje ciertamente no es el lenguaje. Así, «Diario de un amor intenso», de Marco Aurelio Carballo, es uno de los ejemplos más depurados de ese gusto por la conversación, de ese saber escuchar que cada día se pierde entre nuestros escritores, y de esa delicada maquinaria de relojería que es la construcción de una atmósfera sin caer en el exceso verbal ni en la exhaustiva descripción de personajes y sitios.