Las aguas sucias corrían rumorosamente hasta la reja y formaban pequeños remolinos detrás de los barrotes. Gliss apartó la linterna de allí y se la sujetó al cuello mediante una cuerda, a modo de corbata.
Las aguas sucias corrían rumorosamente hasta la reja y formaban pequeños remolinos detrás de los barrotes. Gliss apartó la linterna de allí y se la sujetó al cuello mediante una cuerda, a modo de corbata. —Va a ser difícil retroceder lo suficiente para que la explosión no nos despanzurre —dijo. Barton asintió con un gesto desolado en su rostro redondo y grasiento, en el que sus ojillos parecían enterrados.